—Woojin, has crecido muchísimo. De verdad, estás muy alto. Ya eres todo un adulto. En ese momento, Haeyun estaba dibujando el cuerpo desnudo de su amigo. Tal como habían acordado, sin una sola prenda. Su mirada recorría con insistencia todo el cuerpo de Woojin; el lápiz trazaba líneas siguiendo el recorrido de sus ojos. Sus ojos y su mano lo exploraban al mismo tiempo. —No te muevas. Quédate quieto de una vez. Haeyun se esforzó por hablar con calma mientras miraba a Woojin, que posaba sentado en una silla. Pero sus pupilas temblaban como locas. Woojin no se movía en absoluto, salvo por su respiración pausada. Excepto por una parte de su cuerpo.