Ash dedicó su vida a servir a su padre adoptivo, devolviéndole la bondad que le había mostrado al acogerlo cuando era huérfano. Pero en el momento de su muerte, descubrió una verdad devastadora. Todo lo que había construido —sus esfuerzos, su confianza, incluso el poder supremo que estaba destinado a poseer, «Las Siete Alas»— le había sido robado.
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