Mi segunda oportunidad llegó envuelta en el manto de la Gran Maga más formidable del imperio, pero con ella, un susurro enigmático que resonaba en mi alma: ‘Protege…’. Proteger el desenlace de una novela romántica olvidada, un lienzo incompleto donde el ‘felices para siempre’ parecía garantizado para los protagonistas. ¡Qué dulce ingenuidad la mía! Pero el destino, cruel y caprichoso, me arrastró a los oscuros pasillos del palacio, donde una sombra se cernía: el príncipe Keberiack. Un niño desolado, con ojos que reflejaban el abismo de un futuro tirano, su cuerpo, un lienzo de abandono y dolor. ¿Cómo podría un alma tan rota encontrar la felicidad que el destino le negaba? En el frío silencio de la noche, al ver su pequeño cuerpo temblar bajo la indiferencia, una verdad se grabó en mi corazón: no solo los héroes merecen un final feliz. ‘Alteza, ¿quieres convertirte en mi discípulo?’ Mi voz, un eco de esperanza en su desolación, selló un pacto que trascendería el tiempo y las páginas de cualquier historia. Doce años se desvanecieron como arena entre los dedos. El niño demacrado se transformó en un hombre imponente, mi eterno aprendiz. Pero la lealtad se ha teñido de un anhelo prohibido, un fuego que arde en sus ojos cada vez que me mira. ‘Por favor, espero que me atrapes’, susurra, y en esa súplica, el destino de dos almas se entrelaza en una danza peligrosa. En este juego de destinos reescritos, ¿podrá la Gran Maga proteger no solo una historia, sino también un corazón que clama por ser amado? Descúbrelo en el primer capítulo y déjate atrapar por un amor que desafía todas las reglas.
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